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jueves, 13 de agosto de 2009

Veintidos años ha...

Estaba yo en segundo de primaria.



Y ellos son mis excompañeros de entonces.










lunes, 9 de junio de 2008

Como Nicolas Cage en Leaving Las Vegas

Hace un par de años, mientras estudiaba mi carrera en el Tec, decidí irme de intercambio por un año. Finalmente, estuve en España poco más de 12 meses que, definitivamente, cambiaron mi vida.

Ahí conocí a muchos de mis mejores amigos, probé cosas nuevas y estuve en contacto con sentimientos nunca antes experimentados. Pero eso será materia de otro post.

El chiste es que me fui de México en Junio, pero no directamente hacia España, sino a Miami. Estuve ahí por cerca de dos semanas -tenía planeado ir a New York, Vegas y L.A.- pero un anuncio en una de las poquísimas agencias de viajes que entonces había por allá -ahora, seguro ya no queda ninguna- me hizo embarcarme hacia la capital ibérica mucho antes de lo que tenía planeado.

Tome mi vuelo -first class en Iberia-, y llegué a Madrí -españolitos dixit- once horas después. Ahí me dí cuenta que había tomado una decisión errónea -entonces me lo pareció-, era pleno verano, todo estaba carísimo y no encontraba dónde vivir, y el hostal donde me quedaba en la calle de Fuencarral -olvidé el nombre del hostal, pero seguro que si vuelvo, puedo encontrarlo fácilmente- no me terminaba de convencer, aunque estaba apenas a unos pasos de Gran Vía y de la Fundación Telefónica.

Durante cerca de dos semanas hice lo que todo turista hace: ir a museos, antros, museos, restaurantes, museos, cine, museos, tiendas, museos... Hasta que llegaron las rebajas de verano.

Para entonces ya vivvía enVallecas, un barrio popular de obreros, principalmente, pero con un encanto especial. Vivía con Inma, una simpatiquísima mujer con un gran sobrepeso que me sobreprotegía. Apenas llegaba del "curro"-trabajaba en una agencia de viajes, sí de esas tan escasas en Miami-, me preguntaba cómo me había ido en el día y lo que tenía que ver al día siguiente. Todo, después de ver la telenovela mexicana "Cuando seas mía", que entonces se transmitía.

Total, que para entonces yo iba diariamente al Corte Inglés, Zara, Springfield, Adolfo Dominguez, Cortefiel, Benetton y otras tiendas a comprar algo. Sí, todos los días compraba al menos una camiseta o un par de calcetines, era lo único que aliviaba mi soledad.

Recorrí las tiendas de la Gran Vía, Princesa, Sol, Callao y Serrano -ahi sólo iba a ver- hasta que un día, entré como asiduamente lo hacía a Springfield de Princesa. Mientras me probaba un par de jeans o una camisa, escuche una canción que me pareció por demás nostálgica.

No era el tipo de música que me encantara, pero hacia referencia a una de mis pelis favoritas y a uno de mis discos más significativos -Leaving Las Vegas y Marquee Moon- total, que estuve a punto de llorar. Sí, ahi dentro del probador entre gente que esperaba, zapatos y chamarras de cuero, yo trataba de contenerme.

Salí de ahí sin comprar nada, y poco tiempo después me enteré del nombre del disco, y del grupo que cantaba la dichosa canción.

Entonces, iba al Corte Ingles de Sol -al departamento de discos- y a la FNAC -al tercer piso- a escuchar una y otra vez la misma canción. Seguramente el disco terminó en muy mal estado gracias a mí, pero por entonces todavía no compraba piratería.

Tiempo después deje a Inma. Me fuí a vivir con un mexicano que ahora, se ha convertido en uno de mis más queridos y entrañables amigos. Él, recibió a una amiga que me llamaba "Nicolas Cage", y todo por la canción que escuchaba siempre tan fuerte, que aún con audífonos, el resto de la gente podía escuchar.

Hoy, he vuelto a escuchar esa misma canción después de muchísimo tiempo, y no puedo más que sentir nostalgia por esos días, por esos amigos, por esas caminatas que me destrozaron los pies, por los spaghettis de los chinos, por las porras con chocolate, por el metrobús -nada que vero con el de acá-, por la Nebri. Y me sentí, muy, muy afortunado. Como diría Brian Adamas... "The best days of my life"

Será la lluvia, serán las luces de esta habitación, será... el poder de una canción.

sábado, 31 de mayo de 2008

80´s are everywhere!!! El taxi retro...

El otro día, me encontré en la calle uno de estos taxis. De los ochenterísimos vochos amarillos con placas azules que servían como transporte, cuando los choferes aún no tenían el asiento del conductor protegido con una casetita de metal. Inenté tomarle una foto, pero la habilidad del conductor para dar vuelta en "U" en un lugar prohibido me impidió hacerlo.

Éste, me recordó cuando en la primaria, tomaba un taxi para que me llevara a la papelería, o a los cines de Plaza Universidad, aún cuando yo vivía muy cerca de ahi, en la siempre-proge-colonia-del-valle, jajajaja

Luego, por insurgentes a la altura del CCU de la UNAM, me encontré con otro. No pude tomarle fotos porque conducir a unos 80 kms. por hora y tomar fotos no es buena idea, sobre todo, conociendo mis antecedentes



viernes, 14 de marzo de 2008

Los caminos de la Revolución no son como yo pensaba.

Tuve la oportunidad de estudiar -si, claro- toda mi educación básica en una escuela bequeñoburguesa de la clasemediera -pero siempre progre- Colonia Del Valle.

Ahí nunca fuí de los que tenían un gran número de amigos. Pero eso sí, estaba en todos los equipos deportivos habidos y por haber.

Uno de mis mejores amigos era Luis. Él era chileno y había venido a vivir a México. Su padre trabajaba para una oenegé -en ese entonces no tenía ni puta idea de lo que era una oenegé- y lo habían transferido a la Ciudad de México. Total que Luis y mi pequeño yo congeniamos desde un principio. Ambos teníamos ideas filomarxistas y considerábamos que el imperio del capitalismo debía ser derrumbado de alguna manera. La familia de Luis era poco menos que perfecta, -quizás por eso no me dejaban ir a visitarlo tan seguido, me hubiera dado cuenta en ese momento que la mía era una mierda- trataban a los niños como gente adulta, los incluían en las discuciones políticas, les regalaban libros de Mafalda y tenían intrincadas disertaciones sobre la filosofía de Quino.

Vivían en un enorme Penthouse en la mencionada colonia, acondicionado con cada uno de los lujos que los años ochenta podían proveer y todo financiado por la mencionada oenegé. En fin, mi pequeño yo se la pasaba muy bien con su amigo, quien, desde luego, desde esa edad ya era un intelectual consumado. Mi pequeño yo, entonces, se preocupaba mas por sus clases de Tae-kwon-do y sus partidos de volleyball.

Un día, Luis entusiasmado por los relatos que mi pequeño yo le hacía de los partidos en los que competía, le preguntó: ¿Qué tengo que hacer para entrar a tu equipo? Mi pequeño yo le dio las indicaciones y le aconsejó que les dijera a sus padres que lo inscribieran. Al otro día, mi pequeño yo se lo encontró en la escuela y le preguntós si estaba listo para jugar juntos los partidos de volley. En ese momento, Luis adopto una postura de hombre serio, como si el mismísimo Mao lo hubiera enviado a hacer una diligencia de suma impotancia y le contestó lo siguiente: "Lo siento Omar, pero ayer tuve una larga charla con mis padres, y llegamos a la conclusión de que el volleyball es un deporte capitalista, por lo que me es imposible jugarlo." Realmente deconcertado, mi pequeño yo no sabía si reir o tratar de disuadirlo, convirtiéndome asi -a sus ojos- en un pequeño contrarrevolucionario; Total, mi pequeño yo decidió dejar la cuestión como estaba ya que finalmente no podía negar que era un ataque contundente para derrocar al imperio yanqui y al sistema capitalista que tanto detestaban.

Ese día, mi pequeño yo comprendió que los caminos de la Revolución son inescrutables.