Uno de mis propósitos de este año fue, en definitivo, sanear mi economía. Sanear mi economía significaría en términos médicos darle la bendita eutanasia a cuando menos dos tarjetas de crédito y centrarme ofrecer primeros auxilios a las otras dos de mis tarjetas, ahorrar un poco e invertir en bienes redituables.
Lo que me sucedió hace apenas un mes, y que juré que no me volvería a pasar, tener mis dos tarjetas con los límites de crédito más altos a full, vuelve a ocurrir este mes. Que si porque ese portafolio italiano de piel estaba “baratísimo” –mi hermana desde París me animó a comprarlo-; o que si por fin debía darme el gusto de comprarme ese cinturón también italiano –animado por la dependienta que me aseguró pronto subirán de precio- que quería desde que estaba en Barcelona y que nomás no pude comprar por irme a Turquía. Total, nuevamente debo toda la próxima quincena.
Y eso que aún no me compró la chamarra de piel –también italiana, desde luego-; o el súper saco Versace que ya “solo” cuesta nueve mil pesos. Y es que yo, no puedo evitar perderme en el tacto imposible de la moda italiana.
Infortunadamente eso no lo es todo. Ahora, me encuentro sin auto. Me arrepiento de haber vendido mi corcel granate a un precio prácticamente risible. Ahora, no me queda otra que trasladarme por la ciudad en el pequeñísimo auto francés de mi hermana, quien a su vuelta a México, en menos de un mes, reclamará.
Esa necesidad imperante de encontrar un vehículo que me permita llegar –puntual- a mi trabajo, tan alejado de mi –aisladísimo de todo- hogar, me llevo a darme un tour por algunas agencias de autos de Av. Universidad, aprovechando que tenía que hacer un pago a una de las citadas y tortuosas tarjetas de crédito.
Eso sí, a priori decidí que no iba a visitar ninguna agencia Premium. Ni siquiera iba a considerar las versiones XLT, Grand Touring, De Lux, Limited, ni ninguna otra que implicara un aumento considerable en el precio del vehículo, la tenencia y el seguro. No, apenas me decantaría por las versiones “básicas” –quién definió que los faros con tecnología LED eran total y absolutamente necesarios-, pues en estas épocas de crisis, uno debe seguir las instrucciones de los que saben y cuidar más el dinero.
Sin embargo, mis deseos de hacer un up grade de mi vehículo, al parecer quedará en apenas un deseo-no-susceptible-de-volverse-realidad. Mis objetos del deseo motorizados se acercan peligrosamente a los impagables 300 mil pesos.
- ¿¿¿Ese precio es por la versión más básica verdaaaaaaad??? Pregunté en todas y cada una de las cinco agencias que visité.
- Sí, pero es que es un vehículo que ha sacado las calificaciones más altas en no-sé-qué-revista. O Pero es que esta línea va dirigida a un sector privilegiado. O –el colmo- pero es que con este auto, no va querer dejar de manejar.
Justamente eso -dejar de manejar- es lo que más quisiera yo en esta vida en esta ciudad con este tráfico con millones de autos con chóferes neuróticos y sin un transporte público eficiente. No es que no me guste viajar en transporte público. Es simplemente que es mejor eficientizar el tiempo y pasar una hora más en el gym –que bastante falta me hace, después de los atracones decembrinos y post decembrinos-.
Además, ¿cómo llegaría los fines de semana al cine, bar, museo, librería, cantina, y demás lugares de sano esparcimiento sin vehículo? Me perdería el prólogo de mis pelis favoritas; de llegar, lo haría agotado de la dinámica camina-súbetealmetro-ahoraalcamión-siguecaminando. Y es que si bien yo soy uno de esos promeneurs natos, todos tenemos un límite.
Además, ¿dónde si no es en mi auto, podría desayunar, anudarme la corbata, guardar la maleta del gym, cantar a full y anexas?
No, no, no. Me rehuso a quedarme sin auto. Me rehuso a volver a los 14 años, cuando aún no tenía permiso para conducir. Me rehuso a volver a mi época de estudiante universitario extranjero y a tener que hacer un espacio en mi cartera para el abono de transporte. Me rehuso a tener que ceder mi lugar en el bus a cualquiera con piernas más débiles que las mías, aunque no lleve calzados mis Nike Vomero y mis pies se encuentren fatigados.
Y por si fuera poco, me rehuso a dejar de participar en el rescate económico nacional –e internacional- y apoyar a la industria automovilística, tan lastimada en éstos últimos meses. Ésa será mi contribución a este sistema de libre mercado.
Por eso, creo que es mi deber como ciudadano de este mundo globalizado -sic- apoyar el consumo, fortalecer el mercado y generar empleos estrenando automóvil. Aunque sea un Chevy o un Fiesta.
martes, 10 de febrero de 2009
sábado, 17 de enero de 2009
domingo, 11 de enero de 2009
Dime qué te gusta...
Escribo este post dado el inevitable hecho de que uno de mis amigos se someterá en cuestión de horas a una cirugía. Cabe obviar que se trata de una cirugía estética, pues ahora, un enormísimo número de las intervenciones quirúrgicas que se realizan en el mundo pretenden mejorar la apariencia física de las personas.
El susodicho en cuestión es, a mi consideración –obviemos nuevamente mi, en ocasiones, mal gusto- uno de mis amigos más apuestos. Quizás el más bello de todos. Sin embargo, tiene en su haber dos cirugías previas –naturalmente, no he de develar en qué parte de su anatomía- y ésta será la tercera, y según él, la última.
No pretendo caer en el lugar común en el que muchos confluyen. Que la belleza es relativa, que en realidad es falta de autoestima, que no hay por qué seguir los cánones occidentales de “belleza”, etcétera.
Pero, si todo esto es cierto, entonces por qué existen estudios que aseguran que las personas “bellas” ganan más??? –ya no decir que se divierten más-. Recientemente un haitiano se suicido por considerarse “feo”.
Considero yo, que todas las personas, en algún momento de su vida, son bellas. Quizás a los pocos días de nacidos –absolutamente TODOS los recién nacidos son horribles, pues pasar nueve meses dentro de líquido te deja, cuando menos, hinchado- Quizás durante la juventud, una vez superada la edad del “patio feo”; o en la vejez, cuando las canas y las arrugas dan personalidad y producen un magnetismo irreductible. Otros pueden ser guapos casi toda su vida, pero nunca falta ese pequeño detalle que les impide convertirse en modelos de dioses griegos.
Ejemplares de este tipo abundan, en la Universidad, tenía una amiga con un rostro que parecía cincelado por Michelangelo… Pero un cuerpo que parecía pintado por Rubens –era gorda, pues-. O el asiduo al gimnasio con un torso hercúleo, y piernas debiluchas. Ser toda una fotografía viva arrancada de la Vogue francesa, pero sin tetas –y sin tetas no hay paraíso, dicen los que saben-. O ser una nueva versión del Narciso metrosexual, y tener una pequeñísima ya-saben-qué.
Personalmente, no me importan tanto las “Bellezas”. Lo que realmente me gusta –y seduce- son las personas Inteligentes. Para mí, los buenos conversadores son unas bellezas porque lo que adoro en realidad son las buenas conversaciones. La palabra misma demuestra por qué prefiero los Inteligentes a las Bellezas; Los Inteligentes hacen algo; las Bellezas son algo. Lo cual no tiene por qué estar mal, pero simplemente no sé lo que son. Es mucho más divertido estar con gente que hace cosas.
El susodicho en cuestión es, a mi consideración –obviemos nuevamente mi, en ocasiones, mal gusto- uno de mis amigos más apuestos. Quizás el más bello de todos. Sin embargo, tiene en su haber dos cirugías previas –naturalmente, no he de develar en qué parte de su anatomía- y ésta será la tercera, y según él, la última.
No pretendo caer en el lugar común en el que muchos confluyen. Que la belleza es relativa, que en realidad es falta de autoestima, que no hay por qué seguir los cánones occidentales de “belleza”, etcétera.
Pero, si todo esto es cierto, entonces por qué existen estudios que aseguran que las personas “bellas” ganan más??? –ya no decir que se divierten más-. Recientemente un haitiano se suicido por considerarse “feo”.
Considero yo, que todas las personas, en algún momento de su vida, son bellas. Quizás a los pocos días de nacidos –absolutamente TODOS los recién nacidos son horribles, pues pasar nueve meses dentro de líquido te deja, cuando menos, hinchado- Quizás durante la juventud, una vez superada la edad del “patio feo”; o en la vejez, cuando las canas y las arrugas dan personalidad y producen un magnetismo irreductible. Otros pueden ser guapos casi toda su vida, pero nunca falta ese pequeño detalle que les impide convertirse en modelos de dioses griegos.
Ejemplares de este tipo abundan, en la Universidad, tenía una amiga con un rostro que parecía cincelado por Michelangelo… Pero un cuerpo que parecía pintado por Rubens –era gorda, pues-. O el asiduo al gimnasio con un torso hercúleo, y piernas debiluchas. Ser toda una fotografía viva arrancada de la Vogue francesa, pero sin tetas –y sin tetas no hay paraíso, dicen los que saben-. O ser una nueva versión del Narciso metrosexual, y tener una pequeñísima ya-saben-qué.
Personalmente, no me importan tanto las “Bellezas”. Lo que realmente me gusta –y seduce- son las personas Inteligentes. Para mí, los buenos conversadores son unas bellezas porque lo que adoro en realidad son las buenas conversaciones. La palabra misma demuestra por qué prefiero los Inteligentes a las Bellezas; Los Inteligentes hacen algo; las Bellezas son algo. Lo cual no tiene por qué estar mal, pero simplemente no sé lo que son. Es mucho más divertido estar con gente que hace cosas.
jueves, 1 de enero de 2009
lunes, 29 de diciembre de 2008
Una de las cosas que más odio -perdón, yo no odio, simplemente detesto hacer- es ir a un Starbuck's.
OK, no piendo meterme en el eterno debate acerca de que las empresas trasnacionales sólo creran empleos piteros y que la lana se la llevan a Seattle -sede de la compañía-; O que el café es más malo que el "agua de trapeador" y que deja en la ruina a las familias que durante décadas se han dedicado al proceso de producción de granos de café. Tampoco que prefiero el sonido que hace la loza al chocar la taza con el platito en el que te sirven el café en las verdaderas cafeterías y no en esos vasitos de cartón.
Lo que verdaderamente me hace alejarme -cada vez más difícil esto- de esas cafeterías es, justamente, lo que muchos creen que es lo mas cool de Starsucks: Pedir su café.
- Para mí, un Alto, se escucha decir a una vocecita en una de estas cafeterías en Polanco.
- Yo voy a querer un , dice un tipo de unos treintaypocos con vestimenta boho-chic en la esquina de una de estas cafeterias en la cada vez más sobre expuesta Condesa. Para "Lalo" remata diciendo este, seguramente, artista visual o aspirante a "cineasta".
Otro grupo de adolescentes entre 15 y 19, todos vestidos de Abercrombie&Fitch rigurosamente, hace su pedido en uno de estos templos de cafeinómanos mainstream en Tepepan, cerca de donde vivo.
Es eso, justamente lo que más me hace evitar acudir a estos sitios. Aquí el grande no es el grande, es "Alto". El "Grande" en realidad es mediano y al pequeño le llaman "Venti", que hace referencia al numero de onzas que contiene. Así, en España, también se suma el "corto", que a mí parecer se trata de una muestra de degustación más bien generosa.
Eso, apenas antes de decir qué es lo que se va a beber. Ahora, tendría que decidir si quiero un "latteeeeeeeee..." o un "espressooooo..." o un "carameeeeeeeel macchiatoooooo...". Si hace calor, entonces, lo mejor es un "frappeeeee..." o un "Iceeeeeeeed coffeeeeee...".Pero no sólo eso, también puedes decidir si quieres tu bebida con leche regular, "half & half" o totalmente desnatada -Jejejejeje, me vino a la mente, súbitamente, la imagen de una tienda de ropa-.
Osea, si quieres un café chico frio con leche sin grasa necesitas hablar tres idiomas... en México!!! Y además necesitas decir tu nombre, el cual será gritado por todo lo alto en la mentada cafetería -para que el resto de los clientes se dé cuenta de cómo te llamas, y de que tú sí vas a Starbucks weeeeeeeee...-
Sin embargo, eso que a muchos les encanta, es lo que yo simplemente no soporto. Porque además se requiere de ese coolness que yo nomás no puedo presumir, pero que los encargados de preparar la bebida dominan. Alguna vez fui con un ligue a uno de estos sitios. Me recomendó un té Tchai Latte -que no es más que una infusión semi-amarga con leche- al cual yo vertía y vertía sobrecitos de azúcar para tratar de disimular mi disgusto por semejante bebida de sabor cercano al jarabe Robitusal. Disimulo que no conseguí, pues mi ligue de turno terminó por cambiarme la bebida por un chocolate caliente, no sin antes externar un gesto de desaprobación. Como diciendo: "Si no estamos en Coyoacáaaaaaaan weeeeeeee..."
Otra mala experiencia la tuve con uno de estos muchachitos de veintipocos que creen que trabajar haciendo café es casi casi como ganarse un premio Nobel. Su actitud de "a-ver-naco-que-sólo-tomas-café- del-Jarocho" me hizo enojar, por lo que terminé diciendole: "A ver, tu café sabe a madres, es carísimo y ademas se están jodiendo al planeta. Si vengo es sólo por el internet gratis y para ver a quién me encuentro". Lo cual lo dejo anonadado. Aunque como siempre he tenido miedo de que le escupan -o añadan cianuro potásico- a mis alimentos, tuve que acotar: "La verdad estoy en tratamiento psicológico y mi terapeuta me aconsejó que no reprimiera ningun sentimiento de ira, pues significarían otros tres años de consultas". Me miró aliviado... Y mi café estuvo enseguida.
OK, no piendo meterme en el eterno debate acerca de que las empresas trasnacionales sólo creran empleos piteros y que la lana se la llevan a Seattle -sede de la compañía-; O que el café es más malo que el "agua de trapeador" y que deja en la ruina a las familias que durante décadas se han dedicado al proceso de producción de granos de café. Tampoco que prefiero el sonido que hace la loza al chocar la taza con el platito en el que te sirven el café en las verdaderas cafeterías y no en esos vasitos de cartón.
Lo que verdaderamente me hace alejarme -cada vez más difícil esto- de esas cafeterías es, justamente, lo que muchos creen que es lo mas cool de Starsucks: Pedir su café.
- Para mí, un Alto, se escucha decir a una vocecita en una de estas cafeterías en Polanco.
- Yo voy a querer un , dice un tipo de unos treintaypocos con vestimenta boho-chic en la esquina de una de estas cafeterias en la cada vez más sobre expuesta Condesa. Para "Lalo" remata diciendo este, seguramente, artista visual o aspirante a "cineasta".
Otro grupo de adolescentes entre 15 y 19, todos vestidos de Abercrombie&Fitch rigurosamente, hace su pedido en uno de estos templos de cafeinómanos mainstream en Tepepan, cerca de donde vivo.
Es eso, justamente lo que más me hace evitar acudir a estos sitios. Aquí el grande no es el grande, es "Alto". El "Grande" en realidad es mediano y al pequeño le llaman "Venti", que hace referencia al numero de onzas que contiene. Así, en España, también se suma el "corto", que a mí parecer se trata de una muestra de degustación más bien generosa.
Eso, apenas antes de decir qué es lo que se va a beber. Ahora, tendría que decidir si quiero un "latteeeeeeeee..." o un "espressooooo..." o un "carameeeeeeeel macchiatoooooo...". Si hace calor, entonces, lo mejor es un "frappeeeee..." o un "Iceeeeeeeed coffeeeeee...".Pero no sólo eso, también puedes decidir si quieres tu bebida con leche regular, "half & half" o totalmente desnatada -Jejejejeje, me vino a la mente, súbitamente, la imagen de una tienda de ropa-.
Osea, si quieres un café chico frio con leche sin grasa necesitas hablar tres idiomas... en México!!! Y además necesitas decir tu nombre, el cual será gritado por todo lo alto en la mentada cafetería -para que el resto de los clientes se dé cuenta de cómo te llamas, y de que tú sí vas a Starbucks weeeeeeeee...-
Sin embargo, eso que a muchos les encanta, es lo que yo simplemente no soporto. Porque además se requiere de ese coolness que yo nomás no puedo presumir, pero que los encargados de preparar la bebida dominan. Alguna vez fui con un ligue a uno de estos sitios. Me recomendó un té Tchai Latte -que no es más que una infusión semi-amarga con leche- al cual yo vertía y vertía sobrecitos de azúcar para tratar de disimular mi disgusto por semejante bebida de sabor cercano al jarabe Robitusal. Disimulo que no conseguí, pues mi ligue de turno terminó por cambiarme la bebida por un chocolate caliente, no sin antes externar un gesto de desaprobación. Como diciendo: "Si no estamos en Coyoacáaaaaaaan weeeeeeee..."
Otra mala experiencia la tuve con uno de estos muchachitos de veintipocos que creen que trabajar haciendo café es casi casi como ganarse un premio Nobel. Su actitud de "a-ver-naco-que-sólo-tomas-café- del-Jarocho" me hizo enojar, por lo que terminé diciendole: "A ver, tu café sabe a madres, es carísimo y ademas se están jodiendo al planeta. Si vengo es sólo por el internet gratis y para ver a quién me encuentro". Lo cual lo dejo anonadado. Aunque como siempre he tenido miedo de que le escupan -o añadan cianuro potásico- a mis alimentos, tuve que acotar: "La verdad estoy en tratamiento psicológico y mi terapeuta me aconsejó que no reprimiera ningun sentimiento de ira, pues significarían otros tres años de consultas". Me miró aliviado... Y mi café estuvo enseguida.
martes, 2 de diciembre de 2008
domingo, 30 de noviembre de 2008
Me hace reir...
...la palabra "despampanante".
Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja
Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja
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